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El Deseo de Abdeslam

El deseo de Abdeslam

Pasadas las Navidades recibimos una propuesta urgente, de parte del equipo de la Fundación Jimenez Díaz. Desde la unidad de paliativos nos exponían el caso de Abdeslam, paciente de este centro que ante la mala evolución de su enfermedad, un tumor con metástasis intratable, deseaba poder volver a su casa en Tánger. Su situación, solo permitía hacer el traslado tumbado, lo que hacía imposible que su familia pudiera llevarlo en su propio vehículo. Su propio hijo nos relataba como lo habían desplazado la última vez con grandes dificultades en lo que describía como “el viaje más largo de su vida”. Tras contactar con la Fundación Ambulancia del Deseo y una vez  estudiada la viabilidad del traslado con sus oncólogos y familia, se decidió coordinar el deseo desde Málaga, desde donde era más fácil recoger a Abdeslam y acompañarlo hasta el Puerto de Tarifa donde cogeríamos el Ferry hasta Tánger.

Como si de una contrarreloj se tratara, lo importante era entonces  conseguir un vehículo y personal cualificado que pudiera llevar a cabo este deseo; el que sería el primer deseo coordinado desde Andalucía. Fue sorprendente cómo en muy poco tiempo había un equipo completo y entregado para emprender la larga aventura de llevar a Abdeslam de vuelta a su hogar. El viaje comenzó de madrugada en Málaga, desde donde nuestros voluntarios partieron para poder estar a primera hora en Madrid. Al llegar nos esperaba Mustafa, hijo de Abdeslam, quien nos comentaba también incrédulo, que hasta que su padre no nos viera con sus propios ojos no terminaría de creérselo. Su familia esperaba en la puerta sin poder contener las lágrimas en lo que sería la última vez que verían a su familiar. La despedida no fue fácil, se produjo una combinación de tristeza y emoción al saborear como el deseo de poder pasar sus últimos días en Tánger estaba cada vez más cerca. La imagen de nuestro protagonista entrando en la ambulancia despidiéndose de sus familiares mientras estos observaban emocionados cómo nos marchábamos fue muy conmovedora.

A pesar de que auguraban mal tiempo, el camino hasta el puerto de Tarifa pudimos hacerlo tranquilos. Abdeslam aprovechaba cada parada que realizamos durante el trayecto para agradecernos nuestra labor y como estábamos obrando para hacer posible su deseo.

El viaje fue largo. Al llegar a Tarifa comenzaba a llover. Abdeslam nos confesó que le gustaba que lloviera y fue así, en este entorno tan acogedor para él, donde se despidió de nosotros; nos cogió las manos y mirándonos a los ojos no dedicó unas sinceras palabras de agradecimiento.